jueves 19 de noviembre de 2009

Where the Buffalo Roam


Título: Where the Buffalo Roam
Año: 1980
País: Estados Unidos
Director: Art Linson
Guión: John Kaye basado en artículos de Hunter S. Thompson
Fotografía: Tak Fujimoto
Música: Neil Young
Reparto: Bill Murray, Peter Boyle, Bruno Kirby, Rene Auberjonois, R.G. Armstrong, Danny Goldman...
Duración: 96 min
Sinopsis: Hunter S. Thompson es un periodista que tiene una forma muy particular de practicar su oficio. Él lo denomina 'periodismo gonzo' y consiste en cubrir eventos tales como la Super Bowl o la elección presidencial de 1972 con la cabeza llena de ácido o cualquier otra sustancia estupefaciente que tenga al alcance, lo que genera un sinfín de situaciones cómicas, convirtiéndose a él en parte de la noticia, incluso por encima del evento en sí.


Art Linson dirige este curioso, pero absolutamente olvidado, antecedente del celebérrimo homenaje al estrambótico Hunter S. Thompson que fue el “Miedo y asco en Las Vegas” de Terry Gilliam. Mucho mejor productor que director, una afirmación que se demuestra en este su debut. Solo dirigió una película más, “The Wild Life” con guión de Cameron Crowe, otro que, como Thompson, debe su fama a la revista Rolling Stone. Sin embargo, como productor ha tenido momentos visionarios con “Los intocables de Eliot Ness”, “El club de la lucha”, “Diario de un rebelde”, “El desafío”, “Heat”, etc... Hubiese querido ver a Terry William dirigiendo sobre este material literario y no sobre el de “Miedo y asco en Las Vegas” pues creo que en “Where the Buffalo Roam” se capta mucho mejor la esencia periodística de Thompson. La película de Gilliam se deja llevar demasiado por el desvarío enajenado de sus protagonistas, mientras que este film se limita a retratarlos como parte de la personalidad de Thompson. Es más fácil acercarse, conocer y entender al polémico periodista en esta obra perdida en el ostracismo que en la película de culto de Gilliam. Aunque se echa en falta la imaginación visual del ex-Monty Python y, si se ha visto aquella primero, esta obra puede resultar algo descafeinada.


Para los no iniciados hay que comentar que Hunter S. Thompson fue el periodista y escritor que creó el denominado periodismo Gonzo desde sus artículos caóticos en la Rolling Stone a finales de los 60. Un estilo que convertía al periodista en parte de la noticia. Famoso en su vida personal por su actitud y presencia estrafalarias así como su consumo desbocado de drogas alucinógenas y los amigos que esto le llevó a congeniar. Bill Murray da vida a este personaje, en más de una acepción, con soltura y carisma pese a ser su primer papel principal en la industria cinematográfica. Hace una buena interpretación apoyado en la marcada iconografía que ya existía alrededor de Thompson, pero habiendo visto anteriormente a Johnny Depp en la piel del mismo creo que me quedo con este último. Bill Murray logra una gran imitación, pero Depp lo hace suyo, natural (aunque para desenvolverse con naturalidad en un personaje bizarro hay que tener en cuenta que quizá no haya existido ningún actor tan bueno como Depp). Peter Boyle, magnífico actor secundario que nunca ha llegado a ser tan reconocido como mereciese, cuaja una actuación emblemática como el desaforado abogado de Thompson que acaba convirtiéndose en una especie de Ken Kesey seguido por una gran familia hippie que recuerdan a los Merry Prankters o Payasos Bromistas (grupo de fanáticos por las drogas psicodélicas de los años 60 que adoraban a Ken Kesey y lo apoyaban en sus manifestaciones y locuras contra las leyes antidrogas en California).


También aparece por la función un Bruno Kirby (otro eterno secundario) que empezaba a estar de moda tras hacer del Clemenza joven en “El padrino II”. Aquí se transforma en el director de la revista para la que trabaja Thompson, papel y parte del film que se podrían haber aprovechado más pues aquella revista no era ni más ni menos que la Rolling Stone de sus inicios subversivos en San Francisco (que por entonces era la capital del mundo en materia de contracultura), cuando se consolidó como poderosa fuente de influencia transgresora antes de volverse yuppie con su traslado a New York en los 80. Escenas como la del juicio al comienzo o los viajes de campaña al final son significativas de lo que trata de mostrar Thompson y, por consiguiente, la película. La resistencia a la América opresiva de Nixon. Eso es lo que hecho en falta en la obra de Gilliam, mucho desenfreno pero poca chicha. Con un guión algo más pulido y una dirección más imaginativa no me cabe duda de que “Where the Buffalo Roam” podría haber sido una película muy interesante y superior a “Miedo y asco en Las Vegas”. La falta de ingenio hace que se quede lejos del nivel de culto que ha adquirido el film interpretado por Johnny Depp y Benicio Del Toro y con la sensación agridulce de haber visionado una pieza a ratos entretenida, amena, con unos protagonistas que nos producen empatía, pero que podría haber dado para algo más.

NOTA:

martes 10 de noviembre de 2009

Qué vida más triste


Título: Qué vida más triste
Año: 2005/¿? (2005/2008 en Internet y 2008/¿? en La Sexta)
País: España
Director: Rubén Ontiveros y Natxo del Agua
Guión: Rubén Ontiveros
Reparto: Borja Pérez, Joseba Caballero, Nuria Herrera, Begoña de la Cruz, Santi Ugalde, Verónika Moral, Laura Zamanillo...
Duración: 20 min
Sinopsis: La serie trata sobre la vida de Borja, un basauritarra tan patético como egocéntrico al que le suceden desventuras y situaciones graciosas cada semana acompañado de su fiel amigo Josebas que trata de calmar sus locuras.


Esta serie es posiblemente el mejor ejemplo del fenómeno que está triunfando últimamente en la ficción de nuestro país, productos caseros y amateurs realizados para internet que algunos pocos canales (principalmente La Sexta) han apostado por ellos al ser testigos de su multitudinario éxito en la red. La famosa realidad siempre criticada de que hay muchos proyectos que valdrían la pena y por los que no se apuesta en las grandes productoras encuentra aquí su particular redención. La falta de oportunidades en el sector audiovisual da como consecuencia que haya un gran número de artistas con talento que no ven reconocido su trabajo o que directamente ni siquiera pueden encontrar uno. Con el avance de las tecnologías y la facilidad de llegada de la información/formación al usuario se hace posible que muchas personas autodidactas consigan realizar productos con una calidad mucho más que aceptable. Algo falla en el sector audiovisual y da que pensar que no hay buen criterio cuando se ve en internet lo que muchos trabajadores del sector son capaces de hacer en su tiempo libre. Ahí está el sorprendente nivel técnico que muestra otra serie que pide a gritos dar el salto, “Malviviendo”, no ya a la altura de cualquier programa de la TV española si no incluso por encima. Menos mal que algunos están sabiendo tirar el anzuelo en esa pecera y cada día podemos encontrar más fácilmente en la programación a muchos actores pescados de este medio como miembros del reparto de “Cámera Café”, “La Tira”...



“Qué vida más triste” cumple con las características de todas esas series trasladadas de internet a la televisión: sencillez, frescura, originalidad y costumbrismo. Cada vez va a mejor y lo que empezó con una Mini DV publicando en un videoblog capítulos con duración casi de gag, se ha convertido en una serie de TV que llega casi a duración de sit com uniendo segmentos y añadiéndole mayor técnica tanto en la grabación como en el montaje, animaciones Flash (ese Bruce Willis a modo de Pepito Grillo de Borja), más diversidad en los decorados (pero sin traicionar la base de ese cuarto y esa colcha que parece del príncipe de Bel-Air) y en los recursos de guión, atreviéndose a saltarse a veces los límites del costumbrismo para hacer parodias de películas de culto y con cameos de personajes famosos como Ernesto Sevilla, Patricia Conde, Oscar Janeada... Los fans incondicionales de la serie desde sus comienzos aseguran que ha perdido frescura en su paso a la TV, pero yo pienso que la mantiene intacta y ha sabido superarse a sí misma y renovarse como pocas series suelen saber con seis temporadas completas que lleva a sus espaldas entre internet y TV. Si bien su público potencial la convierte en un producto limitado, sabe explotarlo a la perfección hasta el punto de parecerme una de las sit com más interesantes de la última década en España. En un horario más favorable para estos productos ligeros como la del almuerzo o la cena (que tan bien han aprovechado “Los Simpson” o “Cámera Café”) alcanzaría cotas mucho más altas.



Desde mi punto de vista existen dos claves para el éxito de QVMT y ambas pueden englobarse dentro de una misma idea, la sencillez. Por un lado, los actores, donde veo una vez más que es mejor confiar en un casting a pie de calle para conseguir al personaje en su versión más real que contratar a un mal actor. Aquí casi todos los actores hacen de sí mismos (mención aparte merece el espléndido Santi Ugalde que interpreta al padre de Borja), incluidos los protagonistas, Borja Pérez, gruista de profesión, y su inseparable amigo Joseba Caballero, químico, ambos de Basauri, una población que se encuentra muy presente en sus historias y cuyo Ayuntamiento debería levantarles un monumento por la labor de promoción que están haciendo del municipio vasco. Estos dos treintañeros vascos junto a Ruben Ontiveros, forman el trío de amigos que creó esta serie. Ontiveros es el único ligado al mundo audiovisual, amigo a su vez de artistas como Nacho Vigalondo (nominado a los Oscar) o Borja Cobeaga, que en alguna ocasión han dirigido capítulos de QVMT. Por otro lado están los guiones, escritos por Ontiveros, que dan libertad a los actores a la hora del diálogo permitiéndoles hablar como ellos mismos, lo que da una impagable sensación de naturalidad. Las coletillas de Borja ya han pasado a formar parte del vocabulario popular. En definitiva, una serie tan divertida como necesaria para abrir los ojos al talento fresco y original desperdiciado.


NOTA:

jueves 5 de noviembre de 2009

Taxi Driver


Título: Taxi Driver
Año: 1976
País: Estados Unidos
Director: Martin Scorsese
Guión: Paul Schrader
Fotografía: Michael Chapman
Música: Bernard Herrmann
Reparto: Robert De Niro, Jodie Foster, Cybill Shepherd, Albert Brooks, Harvey Keitel, Peter Boyle, Leonard Harris, Martin Scorsese...
Duración: 113 min
Sinopsis: Para sobrellevar el insomnio crónico que sufre después de su regreso de Vietnam, Travis decide trabajar como taxista nocturno. Como individuo tiene poco contacto con la gente, pero observa la violencia y desolación en la que se hunde la ciudad de Nueva York. Travis anota en su diario todas sus impresiones, hasta que un día decide pasar a la acción.


Solo había visto “Taxi Driver” una vez, cuando tenía 14 o 15 años. Ayer la revisé y un par de cosas han cambiado desde entonces, aunque la esencial se mantiene. Ya no me dejo llevar tanto por su iconografía impactante, cosas de la edad seguramente (el público que levanta el culto cinematográfico alrededor de una obra suele ser el más joven e impresionable), pero capto con mayor percepción sus bondades técnicas. Me sigue sobrecogiendo la performance de De Niro, pero ya no colocó de fondo de escritorio el fotograma del Travis rapado y ensangretado disparándose en la sien con su dedo. Me deslumbra ahora más con este segundo visionado la lucidez de Scorsese en la realización, con esos planos picados, travellings, magníficas estampas de la sordidez nocturna de la gran ciudad del pecado. La primera hora me fascina más que el brutal desenlace, gracias en parte a la fotografía de Michael Chapman. La estética visual de la primera mitad de “Taxi Driver”, con la larga presentación de Travis y sus recorridos a través de luces de neón, me hipnotiza y me seduce, podría estar entre mis favoritas de todos los tiempos. Sin embargo, desde que aparece Jodie Foster la película comienza a alejarme de esa sugestión que me había enganchado antes. Conforme más sentido intenta darle Travis a su vida, menos atractivo me resulta su personaje y su historia. La mayoría no estarán de acuerdo conmigo ya que es ahí donde más se deja ver el mensaje del film, pero es que tampoco nunca me ha terminado de convencer ese mensaje. La primera vez que la vi me pareció una película de tintes fascistas, como le ocurrió a gran parte de la crítica en su día.


En una segunda revisión y con más años encima puedo apreciar algo más. El problema es que es un film que requiere gran interés en querer comprenderlo, no transmite bien toda su reflexión, es brillante en el retrato pero no tanto en el discurso, de modo que hace fácil dar a conclusiones precipitadas como las que yo mismo pensé la primera vez. En el fondo, la historia de Travis no es tan sencilla como la de un hombre enfermo por las circunstancias que acaba encontrando su camino en la violencia redentora. Hay más que eso. Travis Bickle es un problema social como la droga, la prostitución o la extorsión de que tanto se queja. Todos son problemas de una sociedad endémica sumida en el caos educacional y moral. ¿Por qué escoger a Travis? Por que es el elemento más irónico de todo ese panorama. Travis es un insomne aturdido por lo que ve, lo que respira y que lo van separando cada vez más de las normas sociales y morales establecidas llevándolo hacia los extremos. “Taxi Driver” es una crítica mordaz y cruda de la realidad americana de los 70, una nación envuelta en la corrupción y la violencia desde sus calles hasta sus gobiernos, la América heredada de Nixon. En definitiva, Scorsese sigue con su particular tesis sobre la historia de la sociedad americana. Muchos fanáticos suyos dicen que tiene alma de mafioso, yo digo que tiene alma de historiador. ¡Qué injusto sería encasillar a Scorsese como “el director de la mafia”! Creo que el cine americano no ha dado un mejor analista de su nación jamás. Y lo mejor es que lo consigue sin siquiera venderlo (excepto en “Gangs of New York” que se vendió con el slogan que para mi define toda la carrera de Scorsese: América se forjó en las calles).


Le veo solo dos problemas a “Taxi Driver”, uno moral y otro cinematográfico, y lo peor es que ambos se unen en la misma parte de la cinta. Es la pequeña puntilla que la separa de la obra cumbre histórica que muchos sostienen y por lo que no me parece, como también opinan muchos, la mejor película de Scorsese (veo mucho más perfectas “Toro salvaje” y “Uno de los nuestros”). Se trata de la preparación hacia la catarsis de Travis, con toda la subtrama de su relación con el personaje de Jodie Foster y también el epílogo. Salvo la secuencia de la violenta catarsis porque me parece sublime en el clímax tanto en el guión como técnicamente. El epílogo me parece desafortunado por concepto moral. La media hora de la preparación creo que pierde algo de magnetismo y también embalaje visual. Pese a ello creo que el guión es un prodigio de ese deslumbrante escritor que fue en otro tiempo Paul Schrader (mucho mejor que como director, donde solo me ha convencido en la durísima “Aflicción”), cuya colaboración con Scorsese y De Niro dejó algunas de las mejores obras del cine moderno. El actor borda aquí al primero y más destacado sociópata de una larga lista que lo ha encumbrado. Hay que agradecerle también al director neoyorquino el descubrimiento de una prematura Jodie Foster. Y, por último, a resaltar, la omnipresente melodía de Bernard Herrmann (constante en el cine de Hitchcock) que encierra todo el film en sus notas siniestras con toques de jazz en la que fue su última composición. “Taxi Driver” es una radiografía de un lugar y un momento, una nación y unos tiempos difíciles para su sociedad, de una lucha de éticas, todo ello personificado en el sujeto más virulento del cine de los 70. Un trago fuerte y difícil servido con mano diestra.

NOTA:

miércoles 4 de noviembre de 2009

Cadena perpetua


Título: Cadena perpetua
Título original: The Shawshank Redemption
Año: 1994
País: Estados Unidos
Director: Frank Darabont
Guión: Frank Darabont basado en un relato Stephen King
Fotografía: Roger Deakins
Música: Thomas Newman
Reparto: Tim Robbins, Morgan Freeman, Bob Gunton, James Whitmore, Gil Bellows, William Sadler, Mark Rolston, Clancy Brown...
Duración: 142 min
Sinopsis: Acusado del asesinato de su mujer, Andrew Dufresne es enviado a la prisión de Shawshank para ser encerrado de por vida. Con el paso de los años conseguirá ganarse la confianza del director del centro y el respeto de sus compañeros presidiarios, especialmente de Red, el jefe del contrabando.


Frank Darabont es el mayor exponente de lo que yo llamo el realismo mágico del cine. No en vano sus películas son muy literarias, a menudo hasta un punto desmedido, solo que no al estilo de García Márquez si no al del maestro del terror y Rey Midas del género Stephen King, del que Darabont es mucho más que un ferviente admirador. No me baso en las obras literarias del movimiento llamado “realismo mágico” (casi reservado para latinos) al trasladar ese concepto al cine, aunque sin duda tienen características importantes en común. De hecho, las adaptaciones de King que hace Darabont creo que están hechas con aún más magia de la que el escritor de Portland concibió en las suyas pese a que sea un pecado negar que precisamente la marca de la casa de los dramas de King es esa. Yo prefiero su obra dramática, mitad por que nunca me ha entusiasmado el terror y mitad por que es en las que mejor vislumbro el talento de King para elevar sus historias y sus personajes hacia lo sobrenatural a veces incluso sin tener que cruzar la raya de lo real. A King le aburre todo lo que no se pueda catalogar de extraordinario y por eso utiliza las pequeñas cosas en sus dramas realistas para aportar ese envoltorio mágico con el que consigue enganchar y crear suspense con tanta o más eficacia que en el género de terror. Creo que es su mayor virtud como escritor. Su universo personal de un realismo mágico a lo yanqui es un gran legado que no se a quién beneficia más, si a la literatura o al cine.


“Cadena perpetua” es la obra maestra de este estilo. Es difícil hacerle justicia a películas de esta envergadura en una sencilla y breve crítica. En “La milla verde” quiso Darabont superarse pero solo consiguió excederse, conceptos que suelen equivocar con frecuencia algunos artistas. Y ¡ojo!, que a mi “La milla verde” me parece una gran película y tiene más de realismo mágico, solo que sería mejor película con 40 minutos menos, pero Darabeont tiene mucho vicio con eso de estirarse desmesuradamente. “Cadena perpetua” es una película larga y densa, pero apenas se nota. Mucho más que una película carcelaria, es la obra más redonda de Darabont con diferencia. Stephen King jamás pensó que su relato corto “Rita Hayworth y la redención de Shawshank” originase tanto éxito. Ayuda mucho el estilo visual con el que Darabont construye la cinta, con amor a los clásicos recordando en la detenida y minuciosa realización a un maduro Clint Eastwood, y el guión esculpido casi con bisturí. Nadie diría que sus primeros trabajos fueron como guionista en reciclados de terror como secuelas de “La mosca” o “Pesadilla en Elm Street”. Darabont respeta el texto de King, lo acuna con mimo, pero a la vez le adhiere una agilidad fascinante que no hace notar su extenso metraje o su pausada realización y que da la sensación de colocar única y exclusivamente una selección de momentos esenciales y especiales para la obra. Por ahí he leído que, mientras creaba esta película, el director se visionaba a menudo “Uno de los nuestros”, uno de los grandes prodigios de la narración que se han hecho en la historia del cine. No me extrañaría que fuese cierto, yo pensé en el film de Scorsese en algunos momentos la última vez que vi “Cadena perpetua”.


Ese guión se merecía un Oscar del mismo modo que se lo merecía la película, Darabont (que ni siquiera fue nominado), Roger Deakins y su excelente fotografía (increíble que aún no tenga un solo reconocimiento), la sensible banda sonora de Thomas Newman, el recientemente fallecido James Whitmore en un personaje entrañable que borda con naturalidad o el siempre perfecto Morgan Freeman en uno de tantos papeles que parecen hechos para él y para nadie más. Tim Robbins no se queda atrás, en aquellos tiempos en que aún no se le tomaba en serio (un año después la cosa cambiaría con ese gancho potente y certero que fue “Pena de muerte”). Fue la película del año, pero la salida del underground de Tarantino revolucionando la técnica narrativa con “Pulp Fiction” y el compilado sentimental de “Forrest Gump” la dejaron sin nada. El tiempo ha puesto a cada uno en su sitio. “Cadena perpetua” es una de las obras cinematográficas más hermosas que el espectador pueda ver. Una exploración de la amistad y de la esperanza vistas como los elementos más vitales que el ser humano debe cosechar y cuidar. Un canto a la lucha por la vida que pocos olvidarán tras verla. Queda adherida a la memoria y mucho más que eso. Se encuentra en la cabeza y en el corazón, como explica Andy Dufresne tras salir del calabozo por poner una pieza de Mozart en el megáfono. Una obra maestra repleta de planos y escenas imborrablemente sensacionales en su fondo y en su forma. Consigue, además, algo reservado para muy pocas películas: seguir viva en cada visionado. No solo se puede disfrutar igualmente, también se puede sacar algo nuevo cada vez. Es un poema maravilloso recitado con una belleza que asombra. Sublime e inolvidable.

NOTA:

jueves 29 de octubre de 2009

Happiness


Título: Happiness
Título original: Happiness
Año: 1998
País: Estados Unidos
Director: Todd Solondz
Guión: Todd Solondz
Fotografía: Maryse Alberti
Música: Robbie Kondor
Reparto: Jane Adams, Lara Flynn Boyle, Philip Seymour Hoffman, Joy Adams, Cynthia Stevenson, Dylan Baker, Ben Gazzara, Louise Lasser, Elizabeth Ashley, Jared Harris, Jon Lovitz, Camryn Manheim, Rufus Read...
Duración: 139 min
Sinopsis: Irónica, crítica e inmisericorde comedia sobre los miembros de una familia de un suburbio de New Jersey. Un matrimonio a punto de divorciarse, tres hermanas y sus maridos, novios y amantes ocasionales. Tras una aparente normalidad, todos los personajes ocultan algún secreto y alguna que otra perversidad.


Todd Solondz es un director en el que la profundidad de su trabajo se encuentra demasiado por encima de sus bondades como cineasta. No es un gran director, tampoco un gran guionista aunque sabe defenderse y consigue buenos guiones gracias a lo trascendente, pero a veces insondable, de su trabajo. Es un talento en bruto y difícil de esculpir. De este “Happiness” podría haber salido una obra maestra si un verdadero guionista hubiera pulido el guión, hubiesen contratado a un director con una personalidad que pudiera ser continuista del tono de Solondz pero con una técnica cinematográfica más depurada (Michael Haneke o Michael Winterbottom, por ejemplo) y mejores medios para tener un diseño de producción más conseguido, etc... Vamos, lo que logró “American Beauty”, la multipremiada heredera de este film, una versión hollywoodiense de esta película de culto del cine independiente, o la infravalorada “Juegos secretos”. Lo que no se puede permitir es que en proyectos de este nivel (bueno, ni de éste ni de ninguno) aparezca por arte de magia un micrófono en el techo de la habitación queriendo robarle plano a los protagonistas. Es, sin duda, la obra cumbre del universo degenerado y pervertido de Solondz, de una crueldad desaforada que no me convenció en su aclamada ópera prima “Bienvenidos a la casa de muñecas” (triunfadora en el mayor escaparate de cine independiente, el Festival de Sundance) y que aquí alcanza sus cotas máximas.


Alguien debería pedirle moderación. Es peor buscar el impacto rápido y fácil que el lirismo con gotas subversivas, perdurar en la memoria, que se siga rumiando mucho tiempo después de ser visto y oído. Si no que se lo digan a Alan Ball y Sam Mendes. El cineasta de Nueva Jersey coge el testigo de Ange Lee en “La tormenta de hielo” para tratar un tema tan de los 90 como la desmitificación de los lazos sociales y familiares de la comunidad estadounidense. Él ya se salta todos los límites y no retrata simplemente a una sociedad amoral e hipócrita, falsa como medio cuerpo de Ana Obregón. De hecho, sus personajes llegan a tener algo de sinceros, no como en otras producciones similares. Él se lanza de lleno a dibujar una sociedad enferma hasta lo repulsivo, grotesca hasta lo patético. Sus personajes no son simples actores de una vida sino también individuos irreversiblemente dañados y dañinos, perturbados y perturbadores. Los protagonistas de las historias de Solondz son engendros, abortos de esa sociedad supuestamente perfecta. Y en ellos se refleja la brutal crueldad del universo de Solondz, donde todo parece enfermizo y contagioso aunque vestido con el traje de lo normal y natural. Utiliza su director la comedia negra para humillar a sus personajes y a la sociedad que les crea, pero es de esa clase de comicidad que no hace reír, en todo caso sonreír con pena. Posiblemente la única línea graciosa del libreto de Solondz sea la última de todas, esa frase final tan anormal como la mayoría de diálogos de la cinta (en especial las del padre pedófilo y su hijo prematuramente corrompido).


En el papel de ese padre consigue una gran actuación Dylan Baker, uno de esos secundarios prolíficos del cine americano. Aunque para mi quien se lleva la palma es Philip Seymour Hoffman. Previsible, un actor que ha demostrado ser uno de los gigantes de la interpretación de los últimos tiempos (para mi uno del poker de ases actual que completan Sean Penn, Edward Norton y Johnny Depp) y que tiene en su haber una de las mejores performances de la historia (Truman Capote). También me gusta mucho Cynthia Stevenson, una actriz que considero poco explotada. El resto del reparto está sabiamente elegido y es una de las grandes virtudes artísticas del film. Quizá uno de los mayores talentos de Solondz como director sea su capacidad para seleccionar y manejar a sus actores. Tengo que destacar de este film la magnífica fuerza subyacente que se encuentra en muchas de sus escenas, marca de la casa de Solondz, como aquella en que el personaje de Jane Adams comenta en su trabajo la noticia de la muerte un chico que trabajaba allí. Son el reflejo perfecto del universo de este director amante de la degradación. En resumen, “Happiness” me parece una película con un fondo muy potente e interesante pero con una cinematografía mejorable que la aleja de ser una obra perfecta sin evitar mantenerse como un film de referencia en el cine independiente.

NOTA: